La casilla de la Iglesia

La casilla de la IglesiaEn estos últimos días, el gobierno y la Iglesia han anunciado un acuerdo en materia de financiación de esta última por el cual la Iglesia dejará de percibir la asignación directa y se financiará por el 0,7% del IRPF así como renunciar a la exención del IVA y otros impuestos. Es una buena noticia porque la Iglesia avanza hacia su autofinanciación. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid voy a aprovechar esta noticia para dar una opinión sobre “la casilla”.

Mucha gente critica la “casilla de la Iglesia” por considerarla un privilegio al que no pueden acceder otras confesiones, o por entender — equivocadamente, en mi opinión — que la aconfesionalidad del Estado lo prohibe, y abogan por eliminarla. En mi modesta opinión, creo que no solo no debe suprimirse sino ampliarse a otras cosas. Me explico:

Ese 0,7% es la única parte de tus impuestos que tú puedes decidir a donde va. El 99,3% restante es un cheque en blanco para que nuestros gobernantes se lo gasten como les venga en gana sin rendir cuentas a nadie. El que quiere que ese dinero vaya a la Iglesia Católica, pone la cruz correspondiente, el que quiere que vaya a ONG, pone la otra cruz y el que quiere que los políticos decidan por él, lo deja sin asignar. Yo propongo que se amplíe a más cosas. Por ejemplo: que separen otro 0,7% y nos pregunten si queremos destinarlo a investigación o a comprar armas. También podrían separar otro 0,5 ó 0,7 y preguntarnos si quieren que lo invirtamos en infraestructuras o en subvencionar al cine.

Nótese que, al darnos a elegir, nosotros, los ciudadanos que pagamos impuestos, tenemos la postestad de elegir cómo queremos utilizar la riqueza de nuestra nación; riqueza que no sale de debajo de las piedras, sino de nuestro trabajo de cada día, trabajo de cuyo fruto se nos descuentan los correspondientes impuestos. Así, poco a poco, los ciudadanos ganamos el poder de gestionar la riqueza de nuestro país: una parte de forma directa a través de “las casillas” y el resto, de forma indirecta a través de las elecciones. Este concepto es llamado democracia fiscal en oposición al despotismo fiscal que vivimos ahora y, cuando esto suceda, los libros de Historia nos recordarán: todo comenzó con la “casilla de la Iglesia”.

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