Datos de los buscadores, potencial amenaza

Ordenadores insegurosHace meses, causó gran polémica el plan de la Unión Europea sobre la retención de los datos de las telecomunicaciones. La excusa: la seguridad. Todos los datos de todas las comunicaciones deberán guardarse por si la policía requiere los mismos para rastrear las actividades de grupos terroristas. No obstante, esos datos —¿quién lo duda?— estarán disponibles para todo tipo de delitos.

Y es que las comunicaciones son inviolables (art. 18.3 de la Constitución Española) y tenemos derecho a la protección de nuestros datos personales (ley orgánica de protección de datos, directivas europeas y art. II-68 de la malograda Constitución Europea), pero esos datos son demasiado jugosos para dejarlos escapar.

Mas yo me pregunto. ¿Por qué detenerse ahí? ¿Qué puede ser lo siguiente? Reflexionando sobre estas cuestiones se me ocurrió relacionar esto con otra noticia más reciente: «AOL publica por error datos de búsquedas de sus usuarios». Si algo nos demostró aquella experiencia es que nuestro buscador sabe más de nosotros mismos que nuestro psicoanalista. Lo explica muy bien este artículo de El País: «Todo ordenador esconde un espía

AOL 11110859 es una joven neoyorquina que, en marzo, se enamoró. A principios de mes, le confesó a su buscador de Internet que quería comprar ropa bonita y, días después, le preguntó cuál era la mejor manera de perder su virginidad. Pasadas tres semanas, empezó a buscar frenéticamente datos sobre embarazos no deseados, y volvió a confiar en su buscador para saber si debía o no contarle sus sospechas a su madre y a sus amigas. A finales de abril, indagaba si podría estar embarazada a pesar de tener la regla. Y en mayo, su enamorado le rompió el corazón. “¿Por qué algunas personas hacen daño a otras?”, preguntaba, desesperada, a su buscador. “¿Cómo se puede amar a alguien que te maltrata?”.

[…] AOL pensó que sus usuarios no podrían ser identificados, ya que no desvelaba su identidad. Pero los resultados de sus búsquedas decían más de ellos, probablemente, que su dirección postal o número de la seguridad social. AOL dejó al descubierto, en definitiva, los miedos, deseos, inseguridades e intenciones más ocultas de sus clientes.

AOL se disculpó rápidamente, despidió a dos empleados y retiró la página, pero ya era tarde. Casi 1.000 personas la habían copiado y estaban analizando con lupa cada uno de los datos, hasta el punto de que The New York Times localizó a uno de los clientes.

¿Imaginan toda esta información en malas manos? Si nos ponemos en el conocido dicho “piensa mal y acertarás”, podemos echarnos a temblar. No, no me llamen exagerado. Si los servicios de inteligencia y agencias de investigación hacen seguimientos y rastreos para recabar datos de sospechosos, ¿por qué no hacer un ciberseguimiento? El tiempo lo dirá.

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