Crónica de un chantaje

Hace tiempo, un ex ertzaina, hijo de militar falangista y carente de erre hache vasco, ingresó en ETA, donde no tardó en hacer méritos haciendo correr sangre inocente a raudales. Tras contar en su haber un total de veinticinco asesinatos, fue detenido en 1987 y se le condenó a tres mil años de prisión. El código penal entonces vigente establecía un máximo de veinte años en la cárcel más la posibilidad de redimir parte de la pena mediante el trabajo. Siendo así, la ley establecía que debía cumplir un total de dieciocho años en prisión.

Pasaron dieciocho largos años. El largo tiempo transcurrido no había ablandado en nada la personalidad de Ignacio de Juana. Ningún arrepentimiento. Ningún remordimiento. Desde prisión escribía cartas y artículos de escarnio y desprecio hacia las víctimas que ETA iba sembrando al otro lado de los muros así como amenazaba a funcionarios, jueces y políticos con sus nombres y apellidos. Finalmente llegó el año dos mil cinco de forma inesperada, como ladrón en la noche. Rápidamente saltó la noticia a los medios de que el sanguinario terrorista iba a quedar libre; por veinticinco asesinatos había cumplido dieciocho años en prisión.

Al darse cuenta, cundió el nerviosismo en el gobierno. El entonces ministro de justicia, Juan Fernando López Aguilar declaró: “los que han sido condenados por crímenes muy graves de terrorismo merece que se extreme el rigor y el celo” para garantizar el Estado de Derecho y la “seguridad de todos”. “Por tanto vamos a hacer cuanto esté en nuestras manos para que no se produzcan excarcelaciones prematuras ni escarnecedoras para el conjunto de la sociedad”.

Dada la orden por el ministerio, la fiscalía recurrió la puesta en libertad del etarra y le imputó delitos de pertenencia a banda armada y de amenazas terroristas en sendos artículos publicados en el diario Gara. El fiscal pidió noventa y seis años en total. De Juana, inició una huelga de hambre. Se ordenó su traslado al hospital Doce de Octubre de Madrid. Mientras tanto se ordenaba a la fiscalía rebajar la petición de prisión para De Juana retirando la acusación de pertenencia a banda armada.

A partir de este punto, las noticias se vuelven confusas y se amontonan unas sobre otras. La luz comienza a escasear en los titulares y la memoria colectiva empieza a emborronarse. Por un lado comienza una campaña en la que ciertos medios señalan “el deterioro de la salud del preso” y la “injusticia” de condenarle por dos artículos “de opinión”. Otro sector de los medios denuncia que la “huelga de hambre no es tal“.

Con la nueva acusación de la fiscalía, la Audiencia Nacional le juzgó y le condenó a doce años y seis meses de cárcel. La sentencia fue apelada y finalmente el Tribunal Supremo rebajó la condena a tres años. Esos tres años fueron juzgados con el nuevo código penal reformado que contempla el cumplimiento íntegro de las penas.

Mientras que la ley antigua impone la rebaja de penas, la nueva obliga al cumplimiento íntegro dejando a discreción del gobierno la posibilidad del acceso a beneficios penitenciarios a presos que manifiesten su arrepentimiento y su disposición a la reinserción. Ignacio de Juana había cumplido un año y medio de prisión preventiva; habiendo sido condenado a tres años en sentencia firme le restaba por cumplir la otra mitad de la condena. En este punto el gobierno tenía en su mano ambas opciones: dejarle en prisión hasta el último minuto o concederle beneficios penitenciarios.

Unos días después de conocerse la sentencia definitiva, el gobierno decide aplicar la prisión atenuada a Ignacio de Juana Chaos. «prisión atenuada» significa que estará en su casa controlado por una pulsera, lo cual equivale a ponerle en libertad.

Hasta aquí los hechos. Ahora viene la más espinosa cuestión del porqué. Las explicaciones del ministro Rubalcaba en el Congreso no han convencido a nadie. Su argumento de «evitar males mayores» suena más a excusa para salir del paso que a «política inteligente». Esta incapacidad para convencer y lentitud para explicar hace que quienes piensan que se está cediendo al chantaje de ETA afiancen sus sospechas.

Mucho me temo que esto no ha hecho más que empezar.

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