Intolerable (IV)

A continuación, la cuarta entrega de la traducción del artículo «Intolerable» que les venimos ofreciendo.

Intolerable

Me reuní con un miembro del tribunal la víspera de mi regreso a casa. Él estaba confuso y dijo que tenía que mirar el documento con más detenimiento.

—Normalmente hacemos lo que el director dice que es apropiado. Ahora dice dos cosas diferentes. Necesito más tiempo para pensarlo. — dijo.

Iba a coger un avión a donde ahora vivo para una entrevista y hablé con el presidente del tribunal por teléfono.

—Mi vida se está derrumbando. — Dije con lágrimas mientras aceleraba por la autopista camino a casa. Él hizo un sonido tranquilizador.

—Pete está sobreactuando.— Dijo. — Hablaré con tu director y me encargaré de esto. Ve a la entrevista y olvídate de esto. Todo irá bien.

Llegué a casa y me senté con mis padres en la salita y les conté todo.

—Pero él te conoce—Protestó mi madre sobre Pete. —Le preferías a tu director.—Pero no podía aclarar las cosas porque yo tampoco las entendía. No se me había explicado los detalles ni siquiera cuando le grité por teléfono.

—¡No puedes hacerme esto! ¡Estoy preparado para irme! ¿Por qué esperaste tanto? — Le espeté sabiendo que no era muy profesional, pero me daba igual.

—No tengo tiempo.—Se defendió. —Y estoy haciendo lo mejor para ti.

Cancelé la entrevista aquí para arreglas las cosas cuando mi director insistió en que quería verme. Estaba enfermo sin embargo, y gasté el día en que tenía que tener las reuniones, dar una charla y dar una vuelta por el campus vomitando en el cuarto de baño de la casa de mis padres, hasta que mi madre llegó del trabajo, sentado en el borde de la bañera acariciando mi pelo mientras lloraba.

Regresé al campus. (Esto es soprendentemente difícil de escribir, por cierto. No pienso en ello a menudo y pienso que lo superé. Gracias a Dios estoy luchando aquí.)

Tuve la primera reunión a puerta cerrada de mi carrera. Observé a dos miembros del mi tribunal mirar incómodos y doloridos mientras se disculpaban y decían que las cosas podrían ser de otra manera. Si mi director continuaba apoyando mi graduación ellos renunciarían. Pero en ausencia de ese apoyo, la memoria no era suficiente por si misma. Además, ni siquiera tenía una publicación aceptada en la que yo fuera el primer autor. Si podía conseguir una o dos de las que estaban siendo revisadas, eso tranquilizaría al tribunal, decían.

Continuación.

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